miércoles, 30 de agosto de 2017

Contribución Industrial en l’Alcora, 1903

El tipo de comercio e industria de un pueblo en una época dada, son un reflejo de sus demandas y producciones y por ende de su vida cotidiana. Estos eran los comercios en l’Alcora según una relación de los contribuyente por Contribución Industrial en 1903.

  Del vestido y ajuar.

En la relación citada figuran tres establecimientos dedicados a la venta de tejidos, cuyos titulares son Francisco Salvia, Vicente Miravet, Cristóbal Badenes, los dos primeros domiciliados en la plaza Loreto y el tercero en la calle del mismo nombre, (en tercer establecimiento ha estado activo hasta hace pocos años), la cuota a pagar era 148 pesetas, la mayor de la relación. A parte de estos comercios existían tres paqueterías domiciliadas en calle San Vicente, Vall y Plaza San Roque su cuota era de 66 pesetas, importante dentro de la escala. La importancia de estos comercios se desprende de las cuota a pagar, hay que tener en cuenta que en la época todos los vestidos que se usaban eran confeccionados a mano, a si como el ajuar.

De la alimentación.

En la relación figura una tienda de ultramarinos, José Nacher Bou, domiciliada en calle Horno Nuevo (activa hasta últimos del siglo XX) la cuota era de 66 pts., una de venta al pormenor de carnes en la misma calle con una cuota de 40 pesetas y cuatro nominadas como abacerías, P. Loreto, C. Puntapie, P. San Roque y C, Calvario. La distinción entre tienda de ultramarinos y abacería debería ser relevante pues la abacerías solo soportaban una cuota de 25 pts. Hay que notar la existencia de una sola carnicería, el consumo de carnes y productos de procedencia animal, se limitaban, salvo escasas excepciones, al autoconsumo de producción propia, sobre todo huevos, conejos y derivados de cerdo, procedente de las matanzas. Tenemos constancia de un importante consumo de salazones sobre todo sardinas y bacalao, que se vendían en las tiendas de ultramarinos y abacerías. Figuran dos lecherías, una en calle Moros y la otra en calle Calvario, con una cuota de 18 pesetas. Aunque no pertenezca a este apartado reseñamos aquí, la existencia de un comercio de venta y producción de jabón, sito en la calle Agua, con una cuota de 20 pesetas y una “prensa para cera a mano” en calle Mayor con una cuota de 19,50 pesetas.

El pan.

Existían cuatro comercios dedicados a la venta de harina al por menor, con una cuota de 40 pesetas. En relación al resto de comercios, su numero parece elevado, esto nos revela una de las características especiales de l'Alcora, donde la población sin tierra era importante debido a la cerámica. En cuanto a panaderos solo se reseñan dos, domiciliados en la Plaza Loreto, con una insignificante cuota de 13 pesetas, la gente debía de elaborar su pan. En cuanto a “hornos para cocer pan con “retribución sin venta”, se reseñan nueve con una cuota de 6 peseta. Si se estudia el nombre de los titulares se constata que todos son grandes propietarios agrícolas, por lo que suponemos que encenderían el horno unos días señalados de la semana para cocer su pan y el de sus mas allegados o dependientes, a parte del que se cocería por particulares en los hornos de los panaderos. (Los titulares de las panaderías eran Pedro Albero Benlliure y Salvador Castan Moya). Molino harinero solo figura uno de una muela y menos de tres meses de disponibilidad de agua, domicilio Molino Lorenzo?, titular Vicente Cervera, cuota 6,5 pesetas. Tenemos constancia de la existencia de al menos de 6 molinos mas, el no figurar en la relación podría deberse a que contribuirían con un impuesto diferente. Tampoco figuran molinos de aceite.

Ocio.

Lo primero que aparece en la relación es un “Café con el precio de la taza que no excede de 20 cm.” sito en la Calle Mayor con una cuota de 40 pesetas, cuatro tabernas con una cuota de 39 pesetas, dos en calle San Francisco, una en calle Vall y otra en calle Alegria, tres “cafés económicos” con cuota de 20 pesetas, calle Loreto, San Vicente y Plaza Sangre, y un “parador”, se refería al hostal de la calle San Francisco, con una cuota de 25 pesetas, titular Vicente Granell Gomis. Había una amplia oferta, sobre todos para los hombres (habitual en la época), para matar el escaso tiempo de ocio que se disponía, donde el vino y aguardiente de la tierra eran el primer consumo.

Del aguardiente.

El título de este apartado es una licencia que nos permitimos para enlazarlo con el anterior, aunque sabemos que el consumo y la producción de aguardiente o alcohol en l' Alcora no guardan ninguna relación. La producción de alcohol tanto en nuestra población como en otras de la provincia, fue muy importante al principio de siglo XX, los excedentes de vino producidos al cerrarse el mercado francés al superar éste la crisis de la filoxera, fueron cuantiosos en nuestra zona, por lo que una salida de los mismo, fue la destilación, en l'Alcora se localizaban tres destilerías, la de Miguel Vidal sita en la plaza San Roque con un alambique de 295 litros, cuota 54 pesetas, la de Joaquin Beltran Gil sita en Araia con un alambique de 200, cuota 36 pesetas, y la de Vicente Ramós Paús con un alambique de 800 litros con una cuota de 144 pesetas sita en calle Agua.
La destilería de Miguel Vidal es la predecesora de la actual “Destilerías Miguel Vidal”, domiciliada en Almazora.

Las comunicaciones:

Al principio del siglo XX el viajar, aunque fuera a un lugar inmediato, seguía siendo una aventura, se encontraban personas que no habían salido nunca de su pueblo, los viajes se realizaban a pie, en caballerías o en las diligencias que ofrecían un itinerario regular y concreto, en l'Alcora existían dos negocios de diligencias, la nomenclatura de uno de ellos en la relación es “Empresario de diligencia 3 caballerías 16 kilómetros” con una cuota de 107 pesetas y la otra “Empresario de diligencia 2 caballerías 8 kilómetros” con 66 pesetas de cuota, según la nomenclatura se supone que uno cubriría la ruta de Castellón y el otro la de Lucena o Onda, aunque la distancia sea en los dos casos mas larga. (la ruta a Castellón estaba cubierta por el primer empresario que figura en la relación, Antonio Catalán Vea, según transmisión oral de una persona mayor, en los años 50 del siglo XX).

El control de las transacciones.

El control de pesos y medidas estaba regulado por ley, los ayuntamientos subastaban el servicio que cumplían personas particulares de conocida solvencia y honradez, estos disponían de los instrumentos para pesar y medir debidamente comprobados. En las compraventas habituales de cereales, algarrobas, aceite, vino etc. eran requeridos para realizar las pesadas o mediciones, devengando unos honorarios que previamente había fijado el Ayuntamiento en el pliego de subasta, para la concesión de servicio. En la relación aparecen dos arrendatarios del servicio en el epígrafe el primero esta catalogado como arrendador por 6,011 pesetas y el otro por 7000,17, (suponemos que se refiere a los avales aportados) con una cuota de 34,07 y 42 pesetas respectivamente, los titulares del servicio eran Manuel Aicart Arquer y Cristóbal Carnicer Paús.

Sanidad.

Tenemos constancia de al menos la existencia de dos médicos en la villa, estos no figuran en la presente relación porque tributaban por medio de un impuesto especial. Sin embargo el resto del personal sanitario si que figura, así tenemos dos farmacéuticos, con una cuota de 56 pesetas, D. Enrique Grangel Girona y D. Cristóbal Pardo Bujados, ambos en la Plaza Loreto, tres practicantes D. Pio Belles, D. Vicente Branchadell y D. Sinforoso Cifre, con una cuota de 29 pesetas y dos veterinarios D. Francisco Tomas y D. Manuel Palomo con una cuota de 38 pesetas. La profesión de practicante seguía ligada a la de barbero, tenemos constancia de que D. Sinforoso Cifre, con establecimiento en la calle Vall, a parte de practicante, era también barbero.

Profesiones administrativas.

En la relación figura un notario D. Francisco Gascó Blanch, con una cuota de 99 pesetas, y un secretario judicial con una cuota de 22 pesetas, domiciliado en calle de los Moros, del que no consta su nombre.

Utensilios y herramientas.

En una población eminentemente agrícola, eran importantes las profesiones dedicadas a confeccionar y reparar utensilios y herramientas, utilizados en los trabajos del campo, así tenemos en la relación cuatro basteros albarderos, profesión que se dedicaba sobre todo a la confección de aparejos para las caballerías , cinco herreros, que a parte de confeccionar las herraduras y herrar las caballerías, producían todo tipo de herramientas como azadas, rejas o los complejos arados de vertedera, y un carretero. También figuran cinco carpinteros y un hojalatero. Todos con una cuota de 18 pesetas. La población estaba surtida de un buen numero de profesionales que cubrían todas las demandas de aquel tiempo. En las herramientas y utensilios que han perdurado olvidados en desvanes y cuadras de viejas viviendas, se aprecia una exquisita fractura que nos transmite el buen gusto y conocimientos de estos profesionales.

El barro.

Se ha dejado para el final el elemento característico de l'Alcora, que marcó la diferencia con el entorno. En la relación figura una “Fábrica de loza fina blanca o pintada con un horno de 50 m. de capacidad” situada en calle la Fábrica, nuestra duda es si se trataba de la Fábrica Gran, su titular es D. Gregorio Domínguez Madrigal. Conocidos son los tejemanejes de D. Cristóbal Aicart en el asunto de la Fábrica, en esta época todavía estaba embargada por la Junta Provincia de Beneficencia de Madrid. Según la relación, solo podemos constatar la existencia de una fábrica de loza con la descripción reseñada, tenia asignada una cuota de 84 pesetas. Figuran dos fabricas de tinajas, titulares Juan Aicart y Cristóbal Badenes con una cuota de 38 pesetas, dos de tejas Cristóbal Nondedeu Negre con un horno de 5 0 m³ sita en calle San Fernando con una cuota de 28 pesetas, y Manuel Redolat Peris sita en calle Horno Nuevo, con un horno de 40m3 y una cuota de 22, 40 pesetas respectivamente. De fábricas de azulejo solo figura la de Sanchis y Compañía, sita en calle Martinet, con un horno y una cuota de 84 pesetas.
Conclusión.

Un estudio detallado de actividades “industriales” en l'Alcora en 1903, nos muestra una población que disponía de todos los servicios normales para la época, a parte de ayudarnos a vislumbrar como seria la vida de su población, también podemos constatar la escasa presencia del sector cerámico, lo que nos rebela que era la agricultura el sector predominante, confirmado por la existencia de las destiladoras y el alto numero de profesionales dedicados a la manufactura de utensilios y herramientas para la misma. El numero desproporcionando de los comercios de venta de harina nos da ha entender de la presencia de un gran numero de jornaleros bien en la industria o en la agricultura, y también de pequeños propietarios con tierra insuficiente para producir el suficiente trigo para el autoconsumo.



















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