sábado, 14 de enero de 2012

Tercera Guerra Carlista (Aciones en l'Alcora)





La “Tercera Guerra Carlista” fue una guerra civil acontecida en España entre los años 1872- 1876. Tras la primera Guerra Carlista, la evolución política de España propicio, que los ideales tradicionalistas representados por los carlistas, siguieran latentes en una parte importante de las capas populares españolas, sobre todo en el país Vasco Navarro, Cataluña, Aragón y Valencia.

A mediados de 1769, ante la situación de desconcierto existente tras el derrocamiento de Isabel II, la promulgación de una constitución progresista, monárquica, y el espectáculo de la oferta de la corona a varias casas reinantes europeas de signo progresista, y el rechazo de la misma por parte de estas, hace pensar a los partidarios de Calos de Borbón, en la posibilidad del triunfo de un alzamiento  carlista.
Este primer intento fracasó, pero no un segundo en el mes de Abril de 1872, Carlos de Borbón, desde  Ginebra emite una orden para que el 21 de abril se “haga un alzamiento en toda España al grito de ¡Viva España¡”, esto da comienzo a la Tercera Guerra Carlista. (A fin de facilitar la comprensión de la situación general de España en los años de la Guerra, en el anexo 1, se relaciones los hechos mas relevantes, ocurridos a nivel nacional).
En la zona llamada Centro que incluía Aragón, Valencia y Murcia, durante el año 1872 no existe constancia de grandes acciones, a parte de las correrías en la zona inferior del Maestrazo de las partidas de Pascual Cucala y otra de menor entidad, incluso los Capitanes generales de Valencia y Murcia en el mes de Agosto dan por finalizada la insurrección.
Sin embargo el 22 de septiembre Cucala destrozó en Alcalá la vía férrea y la de telégrafos, realizando alguna acción aislada más propia del bandolerismo que de una guerra organizada. En los meses de septiembre y octubre se generaliza la insurrección.
No obstante en diciembre del 72 y enero de 73, el Maestrazgo esta pacificado y las más importantes partidas han cruzado el Ebro, pasando a Cataluña.
Tras la proclamación de la I Republica en febrero de 1873, las principales fracciones carlistas cruzan el Ebro y vuelven al Maeztrazgo, y el 24 de febrero ya se localiza a Cucala en Borriol.
El 25 de Marzo  García Velarde gobernador militar de Castellón, manda cerrar las masías de varios pueblos de Maestrazgo, lo que deja a las facciones carlistas sin apoyos, manteniéndolas cerradas hasta el 6 de Mayo “cuando no quedaban en Castellón mas que unos cuantos carlistas dispersos”.
El 11 de junio se amotina en  Sagunto el Batallón de Cazadores de Madrid, lo que deja entrever, las grades distensiones que existentes entre las filas del ejercito liberal, esto unido a las continuas alteraciones del orden publico en Valencia a las que tiene que acudir el ejercito para sofocarlas,  mas la proclamación  de los cantones de Valencia y Castellón, dejan desguarnecido el Maestrazgo.

Pascual Cucala Mir

El 18 de junio Vallés y Cucala con 2.500 hombres son localizados cerca de l’Alcora, dirigiéndose por  Onda  hacia Segorbe. Es la primera referencia a unas fuerzas numerosas al mando de los cabecillas carlista en esta población. Realmente es el comienzo de la guerra en el entorno de l’Alcora.
El 3 de Septiembre de 1873 Martínez Campos, Capitán general de Valencia, declara el estado de guerra en las provincias de Castellón, Valencia, Alicante y Murcia.
En los últimos meses de 1873 la situación política con el declive de la I Republica, hace que en el interior de la provincia de Castellón las partidas carlistas consiguan ocupar todo el territorio a acepción de alguna plaza fortificada como Morella, la que mantienen sitiada durante  casi toda la guerra.
En enero del 74, el golpe de estado del general Pavia derroca la Republica, pasando a presidir el gobierno el general Serrano, dando comienzo al  segundo periodo de la Guerra Carlista, periodo de máxima expansión carlista en la provincia.
A primeros de 1874 Alfonso de Borbón y Austria, hermano del pretendiente “Calos VII”, que ostentaba el cargo de Capitán General de Cataluña y Centro, se  traslada a la zona Centro organizando las fuerzas carlistas de Valencia y Aragón, creando la división del Maestrazgo, nombrado comandante general de la misma al Brigadier Francisco Vallés, e integrando en la misma a la brigada Castellón, mandada por Pascual Cucala.
Alfonso de Borbon Este y Maria
de las Nieves de Barganza

El 14 de Junio de 1874 tiene lugar la “Acción de Alcora”. El  general Montenegro, jefe de las fuerzas liberales que operaban en la provincia de Castellón, detecto una fuerte concentración de las fuerzas carlistas la mando de Alfonso de Borbón en el Maestrazgo que se dirigían al sur, hacia la provincia de Valencia, ante este movimiento planeo interceptarlas en su paso obligado entre l’Alcora y Onda, el día 13 consiguió posicionarse en l’Alcora, ocupando la ermita de San Cristóbal, antes de que llegara Alfonso de Borbón, por la noche fuerzas carlistas se situaron por el antiguo camino de Lucena, entre la Foya y la ermita de San Cristóbal.
Al amanecer del día 14 se entablo un combate entre las fuerzas liberales que estaban situadas en las inmediaciones de la ermita, y los carlistas que ocupaban  las montañas mas altas detrás de San Cristóbal, tras varios combates las fuerzas liberales tomaron la iniciativa, según el relato del ejercito liberal Alfonso de Borbón, presenció la acción desde el camino de Useras, no arriesgándose a participar. El relato desde el bando carlista, es que acudió en apoyo de sus fuerzas, y que simulo una retirada esperando que las fuerzas liberales le siguieran para así poder batirlas en terreno más favorable, fuese como fuese la acción de
Panorámica de l'Alcora con montaña
de San Cristobal al fondo.

l’Alcora fue irrelevante para el desarrollo de la guerra, Alfonso se traslado desde Lucena cruzando la sierra Espadan hasta Segorbe,  sin encontrar  resistencia, cercando Teruel, que no llego a tomar y ocupando Cuenca el 15 de Julio de 1874.
El 9 de Septiembre D. Carlos  separó el mando de los ejércitos del Centro y Cataluña, lo que no agrado a Alfonso que pidió ser revelado de su cargo, y se instaló en l’Alcora con su esposa Maria de las Nieves (Blanca) de Barganza, hasta que llegó el decreto sobre su relevo, el 20 de Octubre de 1874.
El 29 de septiembre de 1874, es relevado en el mando liberal de la zona Centro el general Pavia, por el general Jovellar, esto marca una cambio importante  en el curso de la guerra, el ejercito liberal mejor organizado, armado y con mayor numero de hombres, empieza a internarse fácilmente en las zonas montañosas del interior de la provincia, apoderándose de Villahermosa, donde los carlistas habían montado una fabrica de pólvora y cartuchos, el día 26 de Octubre, y el 27 de Vistabella, destruyendo la imprenta, donde se publicaba el periódico oficial carlista.
El 15 de Diciembre, Pascual Cucala se encuentra en L’Alcora “al parecer con la intención de correrse la Plana”, el 16 es atacado por unas columnas liberales y se ve obligado a retirarse hacia Lucena. El 17 de diciembre el general Lizarraga, con el cuartel general carlista se encuentra en Lucena, las columnas liberales son obligadas a retirase a Villarreal, pero los carlistas no se atreven a proseguir con sus habituales correrías por La Plana para abastecerse,  con lo que cada vez se encuentran mas aislados en el interior, y con mas dificultades de subsistencia.
El 29 de diciembre Martínez Campos, proclama a Alfonso XII como rey constitucional de España, Jovellar se adhiere a la proclamación con lo que es destituido por el gobierno, se crea un periodo de incertidumbre en el ejercito liberal, los mandos se encuentran divididos entre los que optan por seguir fieles al gobierno y los que se adhieren a la proclamación.
El 18 de noviembre de 1874, es nombrado General en Jefe del ejercito carlista de Aragón y Valencia el general Dorregaray, hasta el 22 de enero de 1875 no pudo hacerse con el mando del mismo, su antecesor Lizarraga hace todo lo posible para no ser localizado, moviendose entre las montañas del Bajo Aragon e interior de Castellón, la descripción que Dorregaray  envía a D.Carlos sobre la situación y composición del ejercito carlista es demoledora y retrata el tipo de guerra que se libró en la zona Centro. (ver anexo).
La llegada de Dorregaray, y la incertidumbre creada por la proclamación de Alfonso XII,  beneficia al principio a la facción carlista que logra reorganizarse y consolidar posiciones en el interior del 
Restos de la fortificación de San Cristobal
mandada construir por el General Jovellar,
dentro de un plan de fortificación de las
principales plazas para impidir el abastecimiento
del ejercito carlista.

Maestrazgo,sin embargo en el plano político están perdiendo mucho de sus apoyos, pues parte de los simpatizantes de su causa que eran monárquicos no dudaron de cambiar de rey ante las mayores posibilidades de Alfonso XII y el reconocimiento de este por Ramón Cabrera.
Durante los primeros meses de 1875 l’Alcora se encuentra la mayor del tiempo en poder de los carlistas, en 16 de febrero se describe una acción contra Cucala,  y el 1 de Marzo el General en Jefe de ejercito gubernamental en esta época el general Quesada destina dos brigadas para atacar a Alvarez en l’Alcora,
D. Joaquin Jovellar Soler
que al observar una gran concentración de fuerzas en la Plana se retiró al Maestrazgo en busca de Dorregaray.
El 22 de mayo D.Manuel Lassala, se encargó interinamente del ejercito liberal del Centro, hasta que se pusiera al frente el general Jovellar, Ministro de Guerra, nombrado General en propiedad, es bajo el mando de Lassala cuando tiene lugar la acción más importante de las ocurridas en l’Alcora.
El 24 de mayo se detecta desde Castellón una concentración de fuerzas en l’Alcora, con la presencia de los más importante cabecillas carlistas, Cucala, Pancheta, Alvarez, Villamail, incorporándose a ella el general Dorregaray con tres batallones, esto hace pensar que se disponen a realizar una importante acción sobre la Plana, la madrugada del día 26 convergen en l’Alcora las fuerzas del general Chacón de viene desde Onda y las de Montenegro que llegan desde Castellón, los carlistas ocupaban todas las alturas de la sierra alrededor de la ermita de San Cristóbal, tras el combate las fuerzas carlistas se retiraron hacia Lucena, entre la versión de Montenegro de parte del ejercito gubernamental y la de Dorregaray hay importantes discrepancias, pero fuere como fuere a partir de este combate, las partidas carlistas no volvieron a  l’Alcora.
En cuanto a la evolución de la guerra en la zona Centro, el ejercito carlista sufrió una fuerte derrota el día 29 de  junio en el río Monlleó, (entre Vistavella y Villafranca,) frente a las fuerzas del General Jovellar,  huyendo en desbandada una parte hacia Mosqueruela y otra hacia La Iglesuela y Cantavieja, que ya se encontraba asediada por el ejercito de Cataluña al mando del general Martínez Campos, Cantavieja capituló el día 6 de Julio.
En vista de la desesperada situación y la imposibilidad de socorrer a Cantavieja el General Dorregaray cruzo el Ebro por Chiprana el día 3 de Julio de 1875, con los que finalizo la III Guerra Carlista al sur del Ebro.
En el interior norte de Cataluña, norte de Aragón y provincias Vasco-Navarras, la guerra se prolongo hasta 28 de Febrero de 1,876, fecha en que D.Carlos abandona España.
Es de suponer que la principio de la guerra la población de l’Alcora debió de simpatizar con el bando carlista, y que esta condición debió de variar en el transcurso de la misma, debido a la arbitrariedad de los cabecillas carlistas, y a los fuertes sacrificios que debió soportar la población al ser uno de los pueblos más ricos dominados por la facción carlista, un hecho contrastable es que durante la restauración, los carlistas nunca fueron una fuerza política importante en l’Alcora.




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Relato del Estado Mayor del General Dorregaray al hacerce cargo del ejercito del centro.

“Entretanto, D. Antonio Dorregaray, nombrado por Don Carlos el 18 de Noviembre de 1874 General en Jefe de las fuerzas carlistas del Centro, había pasado el Ebro en Flix el 7 de Enero de 1975 siguió luego por Gandesa á Cherta, para avistarse con Velasco; en busca de Lizárraga continuó por Horta, Beceite y CasteJl de Cabres al Forcall el 14, después de sostener un ligero tiroteo con la guarnición de Morella; y por Benasal, Villafranca de Cid, Cantavieja y Linares se trasladó á Mora de Rubielos el 22, logrando aquí encontrar á su antecesor. Enterado de cuanto le expuso éste, y llevándose las fuerzas que allí había, que eran el batallón de Guías, y los 1.° y 2.° de Valencia, prosiguió el 24 á Chelva donde le esperaba el resto de la división valenciana, con lo cual quedaron á sus inmediatas órdenes el batallón de Guías, cuatro de Valencia, el de la brigada de Segorbe, el de quintos, sin armas, y unos 200 caballos.
Así pinta el Jefe de E. M. de Dorregaray el estado del país, como resultado de lo que hasta entonces habían observado y de las conferencias que tuvieron:
<< El personal de todos los ramos carecía en general de las cualidades y conocimientos más indispensables para el desempeño de los puestos que se les habían confiado, y su reemplazo era difícil porque en el Centro no se contaba con el necesario para ello. ==La necesidad unas veces, el favoritismo muchas, y la audacia no pocas, habían creado posiciones y carreras inmerecidas, para las que distaban mucho los agraciados de estar en aptitud de desempeñar, y éstos se contaban en número exorbitante. No tenían ni el prestigio, ni la consideración necesarias para aquellos puestos, y de aquí que se privase á la masa general de las ventajas que lo contrario les hubiera reportado. =Faltas lamentables y sensibles disgustos habían alejado Ó  retraído á la mayor parte de las personas de verdadera representación é influencia en el país, consistiendo en esto que las diputaciones, tanto de Valencia como de Aragón, aunque compuestas de personas dignas y respetables, no reunían las esenciales condiciones de arraigo y prestigio tan necesarias para aquellos puestos, en lo que no sólo era preciso cumplir con su deber, sino que también debían servir de estímulo para atraerse á los demás á que contribuyeran, más o menos directamente á la obra común, no privando á ésta de auxiliar tan poderoso.=  Consecuencia de esta falta era, que las diputaciones se veían precisadas á desempeñar, casi exclusivamente, el papel de recaudadoras, aunque ni en esto eran solas, pues hacían lo propio la intendencia y todos los jefes de fuerzas 6 partidas perdiendo así la diputación el prestigio de que debía estar rodeada, y dando margen á continuas quejas y disgustos. = Aquel país que tantos sacrificios tenía hechos, había llegado á un estado desconsolador. = Cuando los pueblos tenían ayuntamientos que velasen por sus intereses, las cargas podían repartirse á prorrateo, y no pesaban sobre determinadas clases ó personas. Pero unos por sus ideas, otros por su tranquilidad, algunos por los malos tratos recibidos y muchos al ver el desconcierto que reinaba, fueron abandonando sus pueblos, habiendo no pocos en que no había ningún individuo de ayuntamiento. = De esto resultaba, que precisó formar comisiones que hicieran las veces de aquéllos, y éstas tenían que entregar los pedidos que se hacían á sus respectivos pueblos. = La gran mayoría de los que se dominaban eran muy pobres, y por lo tanto había gran dificultad para reunir las cantidades que debían satisfacer; y como el pago no daba lugar á espera, porque siempre se exigía para el breve plazo, y de no cumplirlo se ponían presos á los ayuntamientos, los mayores contribuyentes adelantaban las cuotas señaladas. = Al tratar éstos de recaudar aquellas cantidades, todos los vecinos contestaban que no tenían y que no podían pagar, repitiéndose esto una y otra vez. = El mal era más grave cuando de refería á los pueblos cabezas de distrito, porque además de las cargas correspondientes á los suyos, debían soportar las que reconocían un carácter común á todos los otros de su demarcación. = Los lugares principales, de tránsito frecuente, sufrían la pesada carga del sin número de individuos sueltos que por el distrito vagaban; y como elegían para pernoctar las mejores poblaciones, es éstas hacían sus pedidos de raciones. = Por último; muchos de los pueblos del Maestrazgo y Valencia habían satisfecho en espacio de tres meses, trece trimestres de contribución, sin contar las raciones que ascendían á una suma parecida. = Un estado tan desquiciado exigía un pronto remedio; y sin embargo se pasaban meses enteros sin que nada se hiciera en este sentido, resultando que el país estaba destrozado, empobrecido y falto ya de aliento para soportar más tiempo la situación á que se le había conducido, y que lo hizo hostil á nuestra causa.= La administración militar había dictado en su ramo multitud de disposiciones que tendían á ordenarlo, no cumpliéndose la mayor parte de ellas, unas veces porque las circunstancias no lo hacían posible y muchas intencionadamente. El personal contaba era muy malo, con algunas honrosas excepciones, y esto también contribuía al desconcierto general. = Los jefes de fuerza, prescindiendo para todo de las autoridades administrativas, pedían á los pueblos más próximos las raciones que les parecía bien, y como no pasaban revistas de comisario, ni tampoco llevaban alta y baja, jamás pudo saberse si reclamaban las que les correspondían, ó tomaban con exceso, como generalmente sucedía. = Ni las diputaciones ni la intendencia podían corregir esto (excepto en Aragón, en donde tenían la independencia administrativa), porque como todos los recursos que debían dar los pueblos los cobraban con anticipación y exceso los jefes del ejército, cuando acudían los recaudadores no percibían un céntimo, y aquellos centros no reunían los fondos que necesitaban para ir introduciendo el orden en la administración = El mal resultado de las operaciones militares, unido á las causas que ya quedan indicadas, produjeron un considerable número de desertores que vagaban por el país cometiendo todo género de excesos y atropellos. = Las columnas enemigas habían invadido nuestro territorio, cobrado las contribuciones atrasadas, multas, raciones y fortificado algunos puntos de la mayor importancia, privando de este modo al ejército real de los distritos más ricos. = En sus expediciones dieron muerte ó aprisionaron á un considerable número de individuos de las comandancias de armas ó de los que se habían separado de sus fuerzas, consiguiendo llegar á inspirar terror á los nuestros, especialmente el arma de caballería por lo sucedido en la acción de Villafranca del Cid. = Las confidencias eran casi nulas, comunicaciones generales no las había, y el espíritu del país, al presenciar aquel cuadro desgarrador, se había vuelto completamente contrario. = Los cuerpos especiales no existían; nada había hecho en artillería é ingenieros, y los trabajos de la maestranza y fundición habían sido destruidos por las columnas invasoras, que además se apoderaron de gran cantidad de municiones. = No podía contarse con las piezas de campaña que estaban ocultas, porque ni el terreno era á propósito para ellas, ni tenían montajes, ni la situación de las columnas enemigas permitía sacarlas. = Los hospitales de Valencia y el Maestrazgo se encontraban en un abandono criminal; los proveedores, á quienes se adeudaban grandes cantidades, no querían facilitar ya nada, y se dio el caso de que los enfermos y empleados pasaran días enteros sin tomar medicinas ni alimentos de ninguna clase. = Las obras de fortificación de Cantavieja, destruidas, y las de Flix y el Collado, mal trazadas, poco adelantadas y sin recursos para su continuación, á pesar de tener sacrificados con ellas á los pueblos circunvecinos. = Las rondas, que tan buenos servicios prestan cuando están bien organizadas, habían tenido que ser disueltas casi en su totalidad, porque se habían convertido en cuadrillas que ya no respetaban ni aun á los mismo carlistas. = Los depósitos de jefes y oficiales eran focos de corrupción y escándalo, contándose en ellos un considerable número de individuos, muchos de los cuales podían prestar buenos servicios en el ejército activo. Y, por último, las juntas de clasificación, creadas por Don Alfonso, no llenaban su verdadera misión, porque tomaban sus acuerdos sin sujetarse á reglas fijas, y esto dió margen á graves y profundos motivos de disgusto en el ejército.>>
Dorregaray, posteriormente en 17 de Abril, con motivo de reclamársele las hojas de servicios de los jefes y oficiales, decía:
<< Los jefes que en los primeros movimientos se levantaron en armas en este distrito, carecían por completo hasta de los conocimientos más elementales de la organización militar, y mucho más de los derechos y deberes que con arreglo á sus respectivos cargos y empleos les correspondían. Lejos del punto en donde S. M. (D.Carlos) residía, é ignorando por completo que tenían obligación de dirigirse al E. M. G (Estado Mayor General) del ejército, cada uno por si otorgó las recompensas que quiso, nombró los cuadros con arreglo á su capricho prescindiendo por regla general del verdadero mérito, dió nombramientos ó hacia que las fuerzas reconocieran á los favorecidos con empleos, y la mayor parte de las veces se contentaba con decirles que les concedía aquella gracia. = Posteriormente, y como consecuencia natural del movimiento cantonal de Cartagena, las columnas enemigas se concentraron en las inmediaciones de dicha plaza, y las fuerzas reales ya no tuvieron quienes la combatieran. Acudieron á engrosar nuestras filas un sin número de voluntarios que hicieron preciso se formasen nuevos batallones, cuyos cuadros, sin conexión de ninguna especie y atendiendo solo á las afecciones personales, los nombraron los jefes Cucala, Santés, Val1és, Monet y cuantos mandaban fuerzas, porque todos obraban con completa independencia. = Durante el tiempo que S. A. (Alfonso de Borbón y Austria) estuvo encargado del  mando en jefe de este ejército, todos los trabajos que se hicieron para normalizar un tanto la situación de los jefes y oficiales fueron nombrar una junta clasificadora; la cual sin conocer las disposiciones emanadas de S. M. trabajando poco ó nada,  contentándose con pedir una relación jurada de vicisitudes, cuando era público y notorio que aquí se habían refugiado inclusos los escapados de presidio, á los que no costaría mucho jurar en falso, dio por resultado aumentar de un modo extraordinario las causas de desconcierto que ya existían. = También S. A. otorgó de palabra muchas recompensas, entre ellas algunas que han hecho reclamar á un gran número que se consideran con mejores derechos, y confirmó, por último, empleos que jamás habían tenido los interesados, y aun hoy los está dando desde el Extranjero. = Propuestas aprobadas, como la de Cuenca, se rasgaron, dejando á los agraciados sin premio alguno, al paso que otros, en los últimos días de la estancia de  S. A., en este país, habían conseguido sus despachos, dándose por desgracia la circunstancia de no ser los favorecidos los más dignos de  elogio. = Por parte de los generales Lizárraga y Velaco se han aprobado los que han de figurar en los cuadros de unos cuerpos, prescindiendo de otros que eran tanto ó más acreedores á ello; se concedieron también recompensas, y todo esto sin tomar los antecedentes necesarios. Porque ya tenían noticias de que yo me hallaba en este territorio. En vista de estas y otras muchas causas que omito, porque hay algunas de carácter muy grave y que no pueden confiarse al papel comprenderá V. E. cómo encontré este personal, debiendo tener presente que la única autoridad que hasta entonces había estado facultada para conceder empleos era S. A. R. = Aprovechándose de este caos, no faltaron muchos que se pusieron insignias de empleos que nadie les había concedido, funcionando y cobrando los haberes de tales clases. = Respecto á la organización, excepto parte de la di visión de Aragón, no había un solo cuerpo que lo estuviera militarmente, á pesar de cuanto en contra de esto se ha dicho en el Norte. = Las intendencias y las nacientes fábricas y academias, eran centros aislados de quienes todos prescindían por creerlos inútiles. De armamento y municiones ya tengo manifestado en repetidas ocasiones el muy lamentable estado en que se encontraba y aún se encuentra este ejército = Efecto natural de cuanto llevo expuesto es que los pueblos se veían acosados por un considerable número de jefes, oficiales y soldados que por su propia voluntad vagaban errantes, escandalizando al país como entre otros, y á pesar de su elevada jerarquía, sucedía con el brigadier Herranz, uno de los causantes de la disolución de este ejército. = Se habían constituido en comandante de armas aquellos que habían querido, eligiendo los pueblos que más, les agradaban ó convenían, y estafando del modo más escandaloso de que puede V. E. formarse idea. = El espíritu del soldador era tal desde la acción de Villafranca del Cid, que un solo escuadrón atravesaba impunemente el país, y nuestras fuerzas huían despavoridas á la simple noticia de aproximación de las enemigas. = Para tratar de la organización civil, puedo resumir en pocas palabras lo que aquí se había hecho: creyeron que nombrando Diputación todo quedaba arreglado, y así lo hicieron. Las personas elegidas eran muy dignas sin duda alguna pero carecían por completo de la energía y actividad indispensable para desempeñar este cargo; resultando de ello, que nada habían hecho ni en nada absolutamente me han ayudado.>>


Cronología del periodo de la III Gerrra Carlista


Aun siendo conocida la inestabilidad política e institucional, que atravesó España en el periodo que abarca la III Guerra Carlista, no esta de mas enumerar los acontecimientos las relevantes ocurridos en los años estudiados:

1868
El 23-IV- muere Ramón María Navaez, lo que ocasionó el rápido resquebrajamiento del Partido Moderado.
El 18-IX pronunciamiento del Prim y del almirante Topete,
El 28-IX Isabel II huye a Francia y se proclama su destronamiento.

1869
El 6-VI Promulgación de la Constitución monárquica.
En el mes de Julio se produce un alzamiento carlista que fracasa.

1870
El 3-II El rey de Italia rechaza la corona de España ofrecida a su hijo el duque de Génova.
El 13-V Prim ofrece la corona de España a Espartero que la rechaza.
El 25-IV Isabel II abdica en su hijo Alfonso,
El 12-VII Leopoldo de Hohenzollern-Sigmeringen retira su candidatura al trono.
El 10-X Amadeo, duque de Aosta, acepta el trono español.
El 16-IX Las Cortes Proclaman a Amadeo I rey de España.
El 27-XII Atentado contra Prim, muere el día 30-XII.

1871
El 2 de Enero entra Amadeo I en Madrid.
Durante el año  se suceden cuatro gabinetes en el gobierno de España.

1872
El 21 de Abril se produce el alzamiento carlista, da comienzo la III Guerra Carlista.
El 16 de Junio Carlos “VII” promete la restauración de los fueros de Cataluña.
En octubre insurrección republicana de los marinos de El Ferrol.

1873
El 11 de Febrero abdica Amadeo I. Proclamación de la I Republica, presidencia de Estanislao Figueres.
El 9 de Marzo se proclama el Estado catalán dentro de la Republica Federal.
El 1 de junio apertura de las cortes constituyentes.
El 11-VI Pí y Margall, presidente de la Republica.
El 16-VII sublevación cantonal en Cartagena.
16-VII Don Carlos (Carlos VII) entra en España.
(18-VIII) Presidencia de Nicolás Salmerón.
Movimientos cantorales en Cartagena, Valencia, Alicante, Sevilla, Salamanca, etc.
Finales de junio , primeros de julio ocupación de los cantones excepto Cartagena.
(7-IX) Emilio Castelar, presidente el ejecutivo.

1874
(3-I) Golpe de Estado del general Pavía: fin de la republica federalista. Presidencia del general Serrano.
(10-I) Los carlistas entran en Albacete.
(13-I) Rendición del cantón Cartagena
(febrero/mayo) Tercer sitio de Bilbao por los carlistas.
(15-VII) Conquista de Cuenca por los carlistas.
(3-IX) Gobierno de Sagasta.
(I-XII) Manifiesto de Sandhurst. (Alfonso de Borbón y Borbón manifiesta su disposición  en convertirse en rey y partidario de una monarquía parlamentaria)
(29-XII) Martínez Campos se pronuncia por Alfonso XII en Sagunto.

1875
(14-I) Entrada de Alfonso XII en Madrid.
(2-II) Victoria carlista en Lacar.
(11-III) Manifiesto de Ramón Cabrera  adhiriéndose a la causa de Alfonso XII.
(3-VII) Fin de las operaciones contra los carlistas en la zona Centro.
(26-VII) Capitulación de la Seu de Urgell a los alfonsinos.
(12-IX) Gobierno de Joaquín Jovellar.
(19-XI) Martínez Campos anuncia la pacificación de Cataluña.
(2-XII) Gobierno de Canovas de Castillo.

1976
(febrero) Conquista de Irún, Elizondo, Tolosa y Estella por los alfonsinos.
(28-II) Don Carlos abandona España: fin de la tercera guerra carlista.




Manifiesto de Ramón Cabrera

Españoles:
En nombre de Dios, que manda no despreciar los consejos de la prudencia, un momento, solo un momento de serenidad, y oidme.
Yo soy el que hace cuarenta años acaudillaba en Aragón y Cataluña las huestes defensoras de la tradición, y el que mas tarde las dirigió en una nueva campaña contra el poder establecido; yo el que arrebatado de las aulas por el torbellino de la guerra, llegó á ser amado y temido como general, y no recuerdo por vanagloria lo que fui, sino para deciros con sinceridad y verdad que soy yo mismo. El mismo y con el mismo anhelo de servir á mi Patria, y con la misma fe que me alentaba cuando caía herido en el campo, ó cuando en hombros de mis soldados tenia que dictar órdenes entre el fuego de la acción y el de la fiebre que me devoraba.
Pues bien, yo que por destino de Dios y mi desgracia, he venido á personificar en su mas alto grado de exaltacion los sentimientos propios de la guerra civil, Españoles, creedme, solo el nombrar esta calamidad me aflige, porque la conozco bien y la detesto.
La guerra, sin embargo, puede ser justa cuando tiene un fin tambien justo, y á la vez determinado y cierto. A la muerte de Fernando VII, el fin de la lucha era hasta popular. Queríamos sostener todo aquel mundo de instituciones seculares, de costumbres piadosas y de tradiciones queridas; peleábamos, porque arrebatarnos aquel modo de ser, era como espulsarnos de nuestra patria católica, española y monárquica, y por eso nuestro pecho servia de escudo al sacerdote que nos bendecia, y al Rey cristiano que dignamente representaba nuestra causa.
En 1848, aquel mundo que habia desaparecido de la realidad, quedaba todavía en la memoria, y entonces para nosotros el fin de la guerra estaba comprendido en la sola palabra: restauracion. Mas al presente, ¿quién es capaz de saber para qué serviria la dominación del carlismo? Ante esta falta absoluta de plan y de concierto, ¿quién nos dice, que aun venciendo, después de una guerra tan desastrosa, no nos encontraremos con un mezquino triunfo de palabras y con otra guerra indispensable para alcanzar el triunfo de las ideas? ¿ Quién asegura que no se está diezmando la juventud y asolando el pais para entronizar aquello mismo que se combate? Los que no han visto, podrán decir, ¡quién sabe! Pero los que hemos visto..... lo sabemos.
Dado el cambio transcurrido desde 1833, y la triste realidad de tantos desastres, ¿qué medidas ó reformas de apremiante actualidad realizaria el carlismo en el poder? Este es el vacío que se ha querido llenar con proclamas y manifiestos que nada determinan, y este vacío es imperdonable; porque si al voluntario, lastimado en su fe y herido en su dignidad de español le basta sentir por qué se bate, á la nacion le importa saber de positivo para qué es la guerra: pero saberlo de un modo tal, que antes del triunfo, antes que llegue el dia de las ingratitudes, pueda decir muy alto: ¡Aquí está escrito y sellado con la sangre de mis mejores hijos! Los escesos de la Revolucion produjeron, sin embargo, tan profundo movimiento en la sociedad española, que hijos de pobre hogar y de familias acomodadas, carlistas de tradicion y hasta enemigos que habian sido de nuestra bandera, se lanzaron como yo algun dia á pelear por Dios, por la Patria y por el Rey, sin pensar en asegurarse de que no iban inútilmente al sacrificio.
Yo los aplaudo y los admiro; los he reconocido por su abnegación; eran los mismos ó de la misma raza de los que á mi lado combatieron en otro tiempo. Que la Patria les haga justicia y reconozca en ellos una gran esperanza. Dios sabe hasta dónde el afecto que les profeso, me da vida y aliento para la empresa que acabo de acometer.
Pero si hace cuarenta años, tambien yo me dejaba arrebatar por la corriente del entusiasmo, mas tarde me incumbia otro deber, y lo he cumplido. Yo deseaba que el Príncipe, llamado á representar las grandes virtudes del partido, aprendiera; mas luego que aprendió que tenia derecho á la corona de España, no quiso saber mas. Yo deseaba que antes de pelear, si era preciso, conquistara pacíficamente la estimacion y el aprecio de un pais que al cabo no le conocia; y á la vez que el partido se reorganizara, y defendiendo, y formulando prácticamente sus ideas, diese prenda segura de su objeto político y de su sistema de gobierno; pero mis consejos fueron inútiles y mi proceder atribuido á menosprecio de la Patria. Para hacerme odioso en España, dijeron de mí, que en la prosperidad habia perdido la fe religiosa, por la que he dado tantas veces mi sangre, por la que estoy dispuesto á dar la vida ; y hasta me calumniaron llamándome traidor. ¡Cómo! Traidor, sin mando alguno, sin relacion siquiera ni compromiso con el Príncipe, y sobre todo ¡ traidor Ramon Cabrera! Perdonad la jactancia, no hay en España quien lo crea, y el mismo Príncipe que autoriza tal superchería, es el primero en saber que no es verdad.
Mis previsiones se realizaron : la ineficacia de tanto esfuerzo, la inutilidad de tanto sacrificio, han venido á darme cumplidamente la razon; mas yo he debido callar hasta ahora y limitarme á deplorar en silencio los males de mi Patria. Triunfante la anarquía, no era ocasion de oponerme con empeño á una guerra que en parte parecia justificada; pero cuando la Revolucion ha hecho un alto que parece ser duradero; cuando ciñe la corona un Príncipe que ostenta como el mas preciado de todos sus títulos el de Católico, y que ha sabido demostrar que tiene conciencia de su deber y conoce la alta mision del que está llamado á ser Jefe de generales, hombres de Estado y hasta ministros del Señor; Españoles, incurriríamos en una grave responsabilidad si los defensores de un pasado, no siempre justo, y los iniciadores de reformas, no siempre aceptables, malográramos esta ocasión de acudir á depositar en las gradas del trono el peso ya abrumador de nuestras discordias.
Gentes menguadas formarán hoy mas empeño que nunca en avivar resentimientos; pero, ya veis, ¿quién mas ofendido que yo? Pues en vano se ha procurado retraerme de prestar mi adhesion al Monarca, evocando en mi alma dolorosos recuerdos. La fé me enseña y el corazon me dice que yo, como el ser querido, á quien profanamente aluden, debo morir perdonando á mis enemigos; y yo sé, yo veo que aquel ser querido me dice desde el cielo que hago bien.
Españoles, piedad de la Nacion que tambien es nuestra madre. Mi partido, el mas perseverante, secundará bien pronto, así lo espero, mi determinación. Cada cual con sus convicciones, y á luchar noblemente al amparo de la Ley. Rechacemos de una vez para siempre la injuria que hacen á nuestra dignidad los que nos califican de ingobernables, y nosotros, conquistadores por tradicion y por carácter, realicemos la mayor conquista que un pueblo pueda hacer, que es triunfar de sus propias flaquezas.
Ese dia, el mas brillante de nuestra historia, vendrá con la paz que anhela para España, vuestro compatriota que os abraza con toda su alma
Paris 11 de Marzo de 1875


Debo y deseo explicar á mi partido el acto voluntario, espontáneo y patriótico que he llevado á cabo, reconociendo á Don Alfonso XII como Rey de España, y á fuer de soldado que tiene acreditada su lealtad, voy á hacerlo con entera franqueza.
Ofenderia á mis amigos de siempre, á mis compañeros, á mis hermanos, y me ofenderia á mi mismo, si protestase de la rectitud de mis intenciones y de la nobleza de mis sentimientos.
DIOS,  PATRIA Y REY, dice nuestra bandera: DIOS primero, luego la PATRIA, despues el REY. Olvidar á Dios y destruir la Patria por un Rey, es romper en girones nuestra bandera. No haré yo tal: como católico, como español, no puedo hacerlo. Y porque la Religión y la Patria reclaman imperiosamente la paz, y porque la Providencia en sus altos designios así lo quiere; sobre el deber de una consecuencia estéril, está el deber de una abnegación fecunda.
Yo cumplo este deber con profunda convicción; y al aceptar un hecho, al reconocer como Rey á Don Alfonso XII, pongo en sus manos para que la guarde y la honre la bandera que siempre he defendido, en donde están inscritos los santos principios de nuestra causa.
No formularé aquí un capitulo de culpas; no responderé á los insultos, á las calumnias y á las indignidades de que he sido blanco, con censuras acerbas y ni siquiera con acusaciones razonadas: veo en todo lo que pasa una gran desdicha, y mi corazón es demasiado noble para no respetar la desgracia de mi partido.
Las mismas causas que en 1839 y en 1848 destruyeron nuestros esfuerzos, han retoñado en 1875. ¿Hemos de sostener siempre esta lucha sorda, este gérmen de discordia, que condena á un eterno martirio á nuestra patria? ¿Hemos de predicar sobre cadáveres la caridad, hemos de levantar el órden sobre la perturbación, hemos de practicar nuestros principios sobre las ruinas de un pueblo?
Nuestra causa ha tenido siempre soldados heróicos, mártires sublimes, sacrificios admirables. ¿Por qué no hemos triunfado?
Permitidme que guarde respetuoso silencio; pero creedme bajo mi palabra de caballero y de soldado, yo conozco los motivos; y porque los conozco y amo á mi patria, doy este paso con el intento de salvar los principios que siempre he defendido, que seguiré defendiendo y que espero me ayudareis a defender, en un terreno noble, generoso, fecundo; donde yo estaré á vuestro lado, y donde moriré, si Dios oye mis ruegos, habiendo alcanzado para vosotros la admiración de vuestros mismos enemigos.
Es necesario para saber lo que valeis, haber vivido entre vosotros, conocer vuestras necesidades, vuestras aspiraciones; en una palabra, saber que lo que defendeis son los principios fundamentales de toda sociedad honrada. Pues bien, yo quiero consagrar el resto de mi vida á influir con la energia propia de mi carácter, para que el soberano á quien deseo confiar nuestra causa, haga justicia á vuestras aspiraciones; para que los gobiernos hagan menos política y mas administración, piensen menos en la ciudad y mas en el campo; para que atiendan á vuestros sentimientos, á vuestra educación, á vuestro bienestar; y vosotros podeis ayudarme en esta empresa, con la cual quiero terminar mi vida, robusteciendo el principio de autoridad y estimulándole con vuestra fuerza y vuestro ejemplo á hacer justicia á todos.
Si yo creyera que por el camino que seguís, podiais ir al triunfo, mi sangre regaria ese camino. Para vosotros nací, con vosotros he vivido; ¡qué mayor gloria que morir por vosotros!
Siempre he estado dispuesto á acudir á vuestro lado y á daros cuanto soy: no han querido ni mis consejos ni mi persona. Lejos de vosotros, en mi retiro, os he seguido paso a paso, os he visto sacrificar, y el alma se me iba tras de vosotros. Acatando la voluntad de Dios, lamentaba la ceguedad que malograba vuestros esfuerzos.
Yo hubiera deseado que la Providencia nos hubiese favorecido. Por mi parte he cumplido mi deber en todo tiempo, anunciando los peligros, dando los consejos que mi edad y mi historia me obligaban á dar.
La sangre generosa de los soldados, se malgasta en gloriosos pero estériles combates; el pais ha visto su valor y pericia, pero espera en vano conocer la política de sus hombres de gobierno. Tenemos á la Europa liberal enfrente, y nada se ha hecho por asociar á nuestra causa los elementos afines que en ella contamos; somos católicos, y sin embargo, no hemos logrado que el Jefe de la Iglesia nos bendiga siquiera. En esta situación, la guerra podrá prolongarse muchos años, pero al fin y al cabo, aun dado el triunfo, colocariamos nuestra bandera sobre un monton de ruinas.
Es dolorosa esta verdad; pero es una verdad.
Don Alfonso, que por circunstancias Providenciales, y sin ser responsable por su edad, de errores funestos, ha sido colocado en el trono, ha sentido un deseo que le engrandece: ¡la Paz! Sus partidarios le han secundado. Uno y otros, admirando vuestras virtudes, reconociendo vuestra voluntad, han creido que era preciso terminar la lucha con una gran abnegación y un gran espíritu de justicia. Me han hecho saber estos nobles propósitos; y yo que podia haber abandonado á los que en el abandono me han tenido, he querido, con un gran sacrificio, dar á todos ejemplo.
Creo que después de oirme, habrá en el partido carlista la discreción y el respeto debidos para juzgar mi conducta; porque si hasta hoy he sabido sufrir ataques y calumnias, ejercitando mi abnegación, deberes mas imperiosos que los de la prudencia, me obligarian á hacer manifestaciones, que es mejor para el bien de la historia que se pierdan en un olvido generoso.
Hablo á vuestra razon y á vuestro sentimiento, os espongo lealmente mi resolucion. Si la imitais, hareis una gran cosa obedeciendo á la voz del patriotismo, que pide sobre todo la paz. Si no, quedará rota nuestra bandera: ¡ vosotros os quedareis con REY, yo llevaré conmigo DIOS y PATRIA ¡

Paris 11  de marzo de 1875






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