jueves, 17 de enero de 2013

Aspectos polémicos del Conde de Aranda



El conde de Aranda

 Personaje complejo y polémico


 En 1792 el diarista Luengo[1] escribía sobre el Conde de Aranda “ahora como siempre, este ambicioso conde de Aranda no ha sido más que un hombre que ha servido a la voluntad e intereses de otros que lo han manipulado a propósito para sus fines, y pasada la necesidad se le abate y no se hace caso de él.”

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“Para la empresa material de desterrar a la Compañía de Jesús de todos los dominios de S.M., se creyó oportuno el conde de Aranda por su intrepidez de soldado, y para este fin le exaltaron los verdaderos enemigos de los jesuítas, como Roda, el P. Osma, Campomanes y otros. Poco años después, como ya no tenían necesidad de él para llevar adelante la cosa jesuítica, los mismos que le habían exaltado lo abatieron y lo echaron de Madrid.”
Ahora, en la deposición de Floridablanca [febrero 1792], se creyó conveniente poner en su lugar a este conde de Aranda, porque a fin y al cabo, siendo un hombre anciano que había estado por mucho tiempo con las manos en los negocios más importantes, fácilmente se persuadirían todos que era muy a propósito para suceder a Floridablanca. Pero esta necesidad pasó presto, y los que le ensalzaron (y son los que están en privanza de la reina Mª Luisa), juzgaron llegado el momento en que se podían sin él, y le han obligado a que, contra su gusto, presente la dimisión de Secretario de Estado. ¡Infeliz conde de Aranda! Toda la vida la ha pasado agitado por la ambición de mandar, y nunca ha podido lograrlo sino por poco tiempo, y a costa de hacerse esclavo de unos hombres de una esfera muy inferior a la suya”la cita es lo bastante elocuente mostrando la figura polémica del conde.


Embajador en París


El enfrentamiento del Conde de Aranda con Campomanes, su hostilidad con el primer ministro, marqués de  Grimaldi y las “salidas” de su carácter rudo y testarudo, el cual no reprimía ni ante el mismísimo Rey Carlos III, forzó al Conde de Aranda a abandonar la presidencia del consejo de Castilla y aceptar el “dorado ostracismo” de la embajada de París, donde estuvo catorce años desde 1773-1787.
Para estudiar la estancia del conde como embajador en París y su actuación, es preciso hacer referencia la situación de las relaciones  entre España, Francia e Inglaterra en dicha época.
España y Francia mantenían un tratado llamado Pacto de Familia firmado el 15 de agosto de 1761, que según Floridablanca había conducido a España a una guerra ruinosa, cuyos resultados abocaron en el “vergonzoso Tratado conocido como La Paz de Paris 1763” en el que España tuvo que reconocer a Inglaterra, sus posiciones de Gibraltar y la isla de Menorca, cedidas en virtud del Pacto de Utrercht de 1.713.
Durante el mandato de Grimaldi 1763-1777, la sumisión de España a la política exterior de Francia fue total, el embajador de Austria en Madrid informaba a su corte “que los negocios concernientes a España y Francia en común, se deciden según el capricho de esta ultima nación”.
Floridablanca a pesar de que ara contrario al “Pacto de Familia” no lo denunció y siguió con la política de sumisión a Francia practicada por su predecesor-
Aranda conocía al dedillo los entresijos de las relaciones internacionales y pensaba que “Con la Francia paz, pero no amistad, ni alianza” en 1761 llegó a opinar públicamente que “Siempre considerado a los ingleses como a nuestros precisos enemigos, por razón de intereses; y a los franceses, como a nuestros peores amigos, a pesar de la estrechez de sangre que reina”.
A pesar de la aureola que le confería a Aranda el título de “embajador de familia” un sujeto que estaba imbuido de tales ideas políticas no podía gozar de la confianza de los ministros franceses d’Aiguillon y Vergennes, que se saltaban a Aranda en su relaciones con España.
Por otra parte Aranda tenía de menos a los recién ennoblecidos ministros franceses, él era dos veces Grande de España por nacimiento.
Todo este entramado rebela la situación real de Aranda en París,  Grimaldi enemigo declarado del conde hacía todo lo posible para dejar al conde a la intemperie, no cubriéndole con su respaldo ministerial, ocultándole datos e informes clave, obligándole a actuar a tientas, tras ser sustituido Grimaldi por Floridablanca, podría pensarse que esta situación variaría, este no tenia motivo alguno para estar enemistado con Aranda pero siguió tratando al conde  igual que  su predecesor.
Ninguno de los dos ministros se fiaba de las iniciativas personales  “ocurrencias” de Aranda, que actuaba a veces sin atenerse a las instrucciones recibidas desde Madrid.
Francia declaró la guerra a Inglaterra en 1778, y concluyó un tratado de alianza con los Estados Unidos de América, contra la opinión de Floridablanca, forzando a España a entrar en la guerra en virtud del “Pacto de Familia”.
España declaró la guerra a Inglaterra el 16 de Junio de 1779, apoyando a las colonias americanas, como una forma de proteger las posiciones españolas en el Continente.
Previamente España había enviado a Londres una propuesta de mediación en el conflicto, que fue rechazada en marzo de 1779.
Aranda era partidario de una política neutral, pues su desconfianza con Francia era manifiesta. A pesar de su oposición a la guerra y una vez declarada, envió un memorando a Madrid con un plan militar para invadir Inglaterra directamente postulándose como General en Jefe del ejército que tenía que llevar a cabo la invasión.
Posiblemente como consecuencia de tan peregrina idea Floridablanca siguiendo indicaciones de Carlos III, envió al embajador francés en Madrid la siguiente nota “Señor Embajador, escribir a vuestro ministro, conde de Vergannes, de mi parte, que se guarde bien de entregarse a las ideas del conde de Aranda. Este embajador mío tiene la cabeza llena de proyectos, que nunca llegan a nada a fuerza de cambiarlos. Es lo que ocurrió en Portugal, cuando él mandaba mi Ejército en aquél frente. Que esto que os digo quede entre el Rey [Luis XVI], el ministro Vergennes y vos; pero estad persuadido de que el conde Aranda es capaz de querer cambiarlo todo, por amor propio, para poder decir a continuación que todo iba mal cuando no se le consultaba a él, y que no se había concebido ningún plan razonable hasta después de adoptarse el suyo”, a partir de esta comunicación Vergennes a parte de no tener ninguna consideración ante el Embajador, debió de tener la misma con un país que desautorizaba de esta manera a sus representantes.
Lo reseñado aunque no cubre toda la historia de la estancia del conde Aranda como Embajador de París, si que nos da una visión general sobre la difícil labor del conde como embajador, a la errática política exterior que realizaba la monarquía española en el siglo XVIII.
La visión de la situación internacional en la época y su percepción de la importancia que los hechos que se estaban produciendo, la podemos deducir del memorando que sobre la independencia de las colonias inglesas americanas, remitió a Carlos III, (anexo) después de firmar los tratados de París de 1783, uno de los cuales reconocía la independencia de las colonias inglesas y otro en el que se firmaba la paz entre Inglaterra, Francia y España que recuperaba la isla de Menorca.
En 1787 Aranda volvió a Madrid, dedicándose a conspirar en contra del primer ministro Floridablanca, sobre todo a partir de la muerte de Carlos III en 1788.
Tras la muerte de Carlos III y la caída de Floridablanca, Aranda fue llamado por Carlos IV, para que desempeñara las funciones de primer ministro en 1792, quizás dentro de  una maniobra de la reina Maria Luisa para  facilitar la ascensión de su favorito Godoy.

 

Sobre Jesuitas enciclopedistas y masones


Al realizar un trabajo sobre la figura del X Conde de Aranda, es obligado el referirse al aspecto que más polémica ha suscitado entre los historiadores son, su posible pertenencia a la masonería, su amistad con Voltaire y su participación en la expulsión de los jesuitas.
Este aspecto del Conde de Aranda más tergiversado de su biografía, decía el profesor D. José A. Ferrer Benimeli[2] en una conferencia pronunciada en Huesca en 1975  que dentro de la falsa historiografía de buenos y malos de vencedores y vencidos, al conde de Aranda le ha tocado desempeñar siempre el papel de “malo”. Rara vez se le menciona si no es para recordar su carácter enciclopedista y volteriano, su enemiga a los jesuitas, su amistad con los revolucionarios franceses o su pretendida fundación de la masonería española.
Es curiosa la definición del conde que hace don Marcelino Menéndez Pelayo “Militar aragonés, de férreo carácter, avezado al despotismo inflexible; Pombal[3] en pequeño, aunque valía más que él, y tenía cierta honradez brusca al estilo de su tierra; impío y enciclopedista, amigo de Voltaire, de d’Alembert y del abate Reynal; reformador despótico, a la vez que furibundo partidario de la autoridad real, si bien en sus últimos años miró con simpatía los revolucionarios franceses, no mas que por su parte irreligiosa”.
Siguiendo con el profesor Ferrer nos dice que esta actitud no es sólo patrimonio del conde de Aranda, sino que todas las figuras mas representativas del movimiento ilustrado español son encuadrados dentro de un cuadro tópico, de que la ilustración se da la mano con el enciclopedismo, volterianismo, los ataques a la Iglesia Católica, etc.
Este visión sobre el perfil político del conde Aranda que en la actualidad nadie consideraría como negativo, fue dentro de la dinámica de la dos españas, una calificación negativa por parte de la España más conservadora, que consideraba al Conde como uno de los personajes mas nefastos de la historia de España.
En una edición de la Historia Universal, publicada por el Instituto Gallach de Barcelona, edición anterior a 1975 se dice: D. Pedro Abarca de Bolea “impío y enciclopedista, íntimo amigo de Voltaire, gran maestre de la masonería y principal realizador de la conjuración contra los jesuitas”. Esta era la versión “oficial” de Aranda.
El profesor Ferrer, en la conferencia reseñada, nos ofrece una imagen del “otro” conde de Aranda. “De ese que no fue tan impío ni enciclopedista como se dice; que tampoco fue amigo de Voltaire, ni por supuesto gran maestre de la masonería, y que ni siquiera fue enemigo de los jesuitas, sino más bien lo contrario.
Tras esta afirmación  hace una revocación de los tópicos de la versión “oficial” sobre el conde.
Afirma que la amistad con Voltaire no fue tan intensa como pretenden los autores conservadores, aunque si que existen referencias que en su estancia como embajador en París (1773-1787) estuvo en contacto con Voltaire, Condorcet y otros enciclopedistas, tomó parte en la expulsión de los jesuitas pero no fue el principal artífice, no existe documentación que de constancia al aspecto enciclopedista con lo de “impío” o “irreligioso” lleva consigo este epíteto. Y sobre todo no existe ninguna evidencia que lo relacione con la masonería.
El profesor Ferrer  dice que  Konetzke [4] y a Jacqueline Chaumié[5] , salen por los fueros de Aranda en las siguientes citas.  “Se ha cometido un error-dice el primero al tomar a Aranda como un liberador espiritual de la humanidad, y en política, como un discípulo aventajado de Voltaire y de los enciclopedistas. En Aranda, los pensamientos de la ilustración eran el medio, no el fin del poder, y cuando amenazaron o estrecharon el poder del monarca, exigió contra ellos una lucha decidida”. Y Chaumié ataca a los que le han acusado, sin razón, de ser partidario de la revolución, cayendo en el error de hacer del conde “un jacobino, discípulo de Voltaire y los enciclopedistas, siendo así que Aranda es ante todo un español, que desconfiaba de todo lo que venía del otro lado de los Pirineos”.
De la pertenencia del Conde Aranda a la masonería, a pesar de que hemos encontrada mucha información en Internet, sobre todo en paginas web pertenecientes a varias logias masónicas, e incluso hemos localizado una logia constituida en Zaragoza con fecha 2.002, con el nombre de “Respetable Logia-Conde de Aranda”, no hemos encontrado ningún documento que la confirme.
En cuanto a la expulsión de los jesuitas, quizás no fue el Conde de Aranda el principal promotor pero como Presidente del Consejo de Castilla, tuvo que dar las órdenes para hacerla efectiva.
En cuanto a su relación con Voltaire, lo único constatado es que Voltaire le envió una carta junto a un reloj fabricado por el mismo, no se sabe si como regalo o como modelo para conseguir el permiso para su venta en España,
Su simpatía hacia los revolucionarios franceses, es una cuestión que se le ha recriminado desde las posturas mas conservadoras, esta razón es la que esgrimió Godoy para desplazarlo como Secretario de Estado, llegando a decir que su oposición a la guerra de la Convención, no se basaba en su visión realista de las posibilidades del ejercito español de enfrentarse al francés, como el desarrollo de la guerra vino a confirmar, sino en su supuesto apoyo a los revolucionarios.

 Contesto Histórico


Es imposible la comprensión de la trayectoria de cualquier personaje histórico si en desligado de su contesto, en el caso del X Conde de Aranda, D. Pedro Pablo Abarca de Bolea y Jiménez de Urea, la complejidad de la época en que le toco vivir se refleja en la complejidad del personaje, en su tiempo aparecieron la mayoría de las ideas conforman el actual pensamiento de la sociedad occidental, así como los conceptos de organización Política.[6]

Felipe V

La muerte el 1 de Noviembre de 1700 de Carlos II, sin descendientes la y designación por el monarca de Felipe de Anjou y Borbón nieto de Luis XIV, (segundo en la línea de sucesión en le trono de Francia), para sucederle son dos sucesos capitales para comprender la historia de España durante el siglo XVIII,

Guerra de Sucesión

La designación de Felipe de Anjou,no fue aceptada por Austria e Inglaterra, que recelaban de la posibilidad de que recayeran en una misma personas las coronas de España y Francia, pues esto conllevaría la supremacía de las misma tanto en Europa como en América, estos propusieron como rey al Archiduque Carlos de Austria, séptimo hijo de Leopoldo I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, lo que provocó lo que se ha venido a llamar la Guerra de Sucesión española
La guerra duro desde 1701 hasta 1715, si bien a partir de 1713 solo Cataluña y Baleares se mantenían fuera del dominio de Felipe.
La Guerra de Sucesión Española más que una guerra para determinar quien ocuparía el trono de España, fue en una confrontación a nivel europeo de su desenlace surgiría el  frágil equilibrio que condicionaría el posterior estatus político europeo hasta la Revolución Francesa y el advenimiento de Napoleón I en Francia.
El resultado de la guerra, que en España fue favorable a Felipe V, mas por el abandono del Archiduque Carlos al ser nombrado Emperador, que por éxitos del ejercito de Felipe V, en el resto de Europa se decanto a favor de Austria los que forzó a los contendientes al pacto que se reflejo en tratados de Utrecht y Rastadt,

Los tratado de Utrecht y Rasadt

Los tratados se  firmaron en 1713. Previa renuncia a sus derechos al trono de Francia, Felipe V era reconocido como Rey de España por las ponencias europeas. España cedió todos sus territorios en Europa. La isla de Menorca y la plaza de Gibraltar fueron cedidas a Inglaterra, que obtuvo derechos aunque limitados a negociar con las Indias Españolas. Esto representó la perdida del poderío español en Europa, aunque siguió siendo la mayor potencia marítima de Occidente. Los tratados de Utrecht y Rastadt marcaron el inicio de la hegemonía británica.

Reforma del Estado.

Con la llegada de los Borbones, se inicia en España una centralización administrativa, cuya mayor expresión son los Decretos de Nueva Planta, que anulan las instituciones de los reinos (sobre todo de los pertenecientes a la corona de Aragón) iniciando la castellanización con la prohibición del uso del catalán en actos públicos y enseñanza.
Los Consejos de Indias, Aragón, de Hacienda, etc.), se reducen al Consejo de Castilla. Se reforma la administración territorial, la Hacienda, el Ejército y la Armada.

Fernando VI

Fernando VI,el Prudente, Rey de España desde 1746, no fue un hombre de gran talento, pero se rodeó de excelentes colaboradores, que supieron aprovecha la situación manteniendo la neutralidad ante los conflictos entre Francia e Inglaterra, lo que propició una prolongada paz, situación que fue aprovechada por sus ministros, marques de la Ensenada y José de Carvajal, para proseguir la política reformista y los esfuerzos de reconstrucción interna iniciados en el reinado de Felipe V. La política americana fue muy productiva durante su reinado con una aportación muy significativa a las arcas del reino. En 1.753 firmó el Concordato con los Estados Pontificios muy beneficioso por el control que sobre la Iglesia se le otorgaba al monarca.

Pactos de Familia.

La pertenencia de la monarquía francesa y española, a la misma dinastía propicio la firma de los llamados pactos de familia entre ambas, el primer Pacto de Familia se firmo el 7 de noviembre de 1733 , entre Felipe V de España y Luís XV de Francia,  el segundo el 25 de Octubre de 1743 por los mismos firmantes que el primero, el tercero fue firmado en nombre de Carlos III y Luís XV por Grimaldi y Choisel, el 15 de Agosto de 1761, este tercer pacto es el que mas nos importa, pues estaba en vigor durante su estancia de Aranda como embajador en Paris. Según el acuerdo “Quien ataca a una Corona, ataca a la otra” y “Cada una de las Coronas mirará como propios los intereses de la otra su aliada”, en sus cláusulas se detallan los medios y hombres que cada corona ponía a disposición de la otra en caso de agresión.

La Ilustración.

La ilustración significo un gran movimiento que transformo el pensamiento de la humanidad durante le Siglo XVIII, espíritu critico, fe en la razón, confianza en la ciencia y afán didáctico, fueron los distintivos de la misma. En España los ilustrados fueron una minoría culta formada por nobles, funcionarios, burgueses y clérigos, su interés se centro en la reforma y reactivación de la economía, critica moderada a algunos aspectos de la realidad del país, y por las nuevas ideas políticas liberales.
Su apogeo se produce en el reinado de Carlos III, con personajes tan importantes, como Campomanes, Jovellanos, Capmany, Cabarrús, Floridablanca o el propio Aranda.

Carlos III

Carlos III era hijo de Felipe V y Isabel de Farnesio era el tercer  hijo del rey, por lo que sus posibilidades de ser Rey de España eran muy remotas, heredó de su madre los ducados de Parma, Plasencia y Toscana, pero tras la conquista por Felipe V en 1735 del Reino de Nápoles y Sicilia paso a ser rey del mismo, con el nombre de Carlos VII, tras la muerte en 1759 de su hermano Fernando VI sin descendencia pasó a ocupar le trono de España, durante su reinado la política exterior de España estuvo ligada a la francesa en virtud de los pactos de familia , participando en la Guerra de los Siete Años en un intento de frenar la expansión británica en América tras la ocupación de Honduras y Québec, y en la Guerra de independencia de los Estados Unidos.

Despotismo Ilustrado

Con la colaboración de ministros ilustrados como Marqués de Esquilache, Aranda, Campomanes, Floridablanca, Wall y Grimalde, realizo importantes cambios, siempre manteniendo el orden social, político y económico básico. La transformación del país durante el reinado de Carlos III fue muy importante y abarco todos los ámbitos, tanto económicos como artísticos., al final de su reinado en 1788 empiezan revelarse los limites del reformismo, con el empeoramiento de la economía.

Carlos IV

Carlos IV (El cazador), sucedió a su padre Carlos III, al morir este el 14 de diciembre 1.788, era considerado el príncipe mejor preparado de su tiempo, pero los hechos acaecidos durante la Revolución Francesa en 1789 le desbordaron, su falta de energía personal, hizo que el gobierno estuviese en manos de su esposa  Maria Luisa de Parma y de su valido Manuel Godoy, su reinado transcurre en su mayor parte después de la muerte de nuestro personaje

La Revolución Francesa.

En 1789 se produce la Revolución Francesa, este suceso condicionara la historia de Europa en el futuro, es destituido y posteriormente ejecutado el rey de Francia Luis XVI, la política española oscilará entre el rechazo mas absoluto a los revolucionarios franceses a los pactos mas incondicionales.
En este contexto transcurre la vida del X Conde de Aranda, un personaje tan complejo como la época que le toco vivir.


Conclusiones


El X Conde de Aranda, el último Noble.
En un resumen sobre la vida del Conde de Aranda, podemos concluir que fue un Grande de España, no solo de titulo sino de actitud y forma de vida, llego a acumular mucho poder, su casa fue considerada “la quinta grande de Aragón”, con un patrimonio muy amplio y valioso, llego a tener un gran poder político, y fue un reconocido militar. Participó activamente en la vida política de su época, logrando grandes éxitos  diplomáticos con la devolución por Gran Bretaña de la isla de Menorca, y una amplia participación en el fin de la guerra de Independencia de los Estado Unidos.
En un análisis mas profundo de la vida de Aranda, podemos llegar la conclusión de que el era consiente de que era el último de su estirpe, no solo de su familia sino de su clase, la del Noble que ponía mas empeño en mantener su rango que en conservar su patrimonio. En su participación en la vida pública, considero antes el honor que el medro, en su estancia en Paris el mantenimiento de la dignidad correspondiente a un representante de una gran potencia como era España le costó más que ingresó.
Su preparación y conocimientos así como sus experiencias personales le dieron un profundo conocimiento de su época y una clara visión de los cambios que se estaban gestando.
Aunque era conocedor de los grandes cambios que se estaban produciendo en Europa su sentido de la tradición y su fidelidad a la monarquía absoluta, confieren a su personalidad una cierta ambigüedad.
Su orgullo de clase le impidió evolucionar y adaptarse a la nueva situación, no siendo capaz de congeniar con los advenedizos personajes que dominaron la política, como Floridablanca, y sobre todo Godoy quien junto a la reina Mª Luisa de Parma, lo utilizaron miserablemente cuando ya era un anciano.
No sería descabellado pensar,  que el X Conde de Aranda, fue un personaje complejo, que vivió su vida en una constante dicotomía entre lo que debía de hacer como miembro de la Nobleza y lo que consideraba que se debía de hacer según su pensamiento ilustrado.


Anexo: Memoria del Conde de Aranda, sobre la independencia de América.


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Memoria secreta presentada al rey Carlos III por S.E. el conde de Aranda, sobre la independencia de las colonias inglesas, después de haber firmado el tratado de París de 1783.

"Señor: mi amor por la persona augusta de V.M., el reconocimiento que le debo por tantas bondades con que ha querido honrarme, y el amor que tengo á mi país, me obligan á comunicar a V.M. una idea á la que doy la mayor importancia en las presentes circunstancias.
Acabo de hacer y de firmar, en virtud de las órdenes y poderes de V.M., un tratado de paz con la Inglaterra. Esta negociación que según los testimonios lisonjeros, verbales y por escrito que de parte de V.M. he recibido, me ha dado motivo para creer haberlo desempeñado conforme sus reales intenciones, ha dejado en mi alma, lo confieso áV.M., un sentimiento penoso.
La independencia de las colonias inglesas ha sido reconocida y esto mismo es para mí un motivo de dolor y de temor. La Francia tiene pocas posesiones en América, pero hubiera debido considerar que la España, su íntima aliada, tiene muchas, que quedan desde hoy expuestas á terribles convulsiones.
Desde el principio, la Francia ha obrado contra sus verdaderos intereses, estimulado y favoreciendo esta independencia; muchas veces lo he declarado así á los ministros de esta nación. ¿Qué cosa mejor podía desear la Francia que el ver destruirse mutuamente á los ingleses y á sus colonos, en una guerra de partidos, la cual no podía menos que aumentar su poder y favorecer sus intereses? La antipatía que reina entre la Francia y la Inglaterra cegó al gabinete francés: olvidó que sus intereses consistían en permanecer tranquilo espectador de esta lucha, y una vez lanzado en la arena nos arrastró desgraciadamente consigo en virtud del pacto de familia, á una guerra enteramente contraria á nuestra propia causa.
No me detendré ahora á examinar la opinión de algunos hombres de Estado, así nacionales como extranjeros, con cuyas ideas me hallo conforme sobre la dificultad de conservar nuestra dominación en América. Jamás posesiones tan extensas y colocadas á tan grandes distancias de la metrópoli se han podido conservar mucho tiempo. A esta dificultad, que comprende todas las colonias, debemos añadir otras especiales que militan contra las posesiones españolas de Ultramar, á saber: la dificultad de socorrerlas cuando puedan tener necesidad; las vejaciones de algunos de los gobernadores contra los desgraciados habitantes; la distancia de la autoridad suprema á la que tienen necesidad de ocurrir para que se atiendan sus quejas, lo que hace que se pasen años enteros antes que se haga justicia á sus reclamaciones; las vejaciones á que quedan expuestos de parte de las autoridades locales en este intermedio; la dificultad de conocer bien la verdad á tanta distancia; por último, los medios que á los vireyes y capitanes generales, en su calidad de españoles, no pueden faltar para obtener declaraciones favorables en España. Todas estas circunstancias no pueden dejar de hacer descontentos entre los habitantes de la América, y obligarlos á esforzarse para obtener la independencia, tan luego como se les presente la ocasión.
Sin entrar, pues, en ninguna de estas consideraciones, me limitaré ahora á la que nos ocupa sobre el temor de vernos expuestos á los peligros que nos amenazan de parte de la nueva potencia que acabamos de reconocer, en un país en que no existe ninguna otra en estado de contener sus progresos. Esta República federal ha nacido pigmea, por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia, para conseguir su independencia. Vendrá un día en que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas. Olvidará entonces sus beneficios que ha recibido de las dos potencias, y no pensará más que en su engrandecimiento. La libertad de conciencia, la facilidad de establecer nuevas poblaciones sobre inmensos terrenos, así como las ventajas con que brinda el nuevo gobierno, atraerán agricultores y artesanos de todas las naciones, porque los hombres corren siempre tras la fortuna, y dentro de algunos años veremos con mucho dolor la existencia amenazadora del coloso de que hablo.
El paso primero de esta potencia, cuando haya llegado á engrandecerse, será apoderarse de las Floridas para dominar el Golfo de México. Después de habernos hecho de este modo dificultoso el comercio con la Nueva España, aspirará á la conquista de este vasto imperio, que nos será posible defender contra una potencia formidable, establecida sobre el mismo continente, y á más de eso limítrofe.
Estos temores son muy fundados, señor, y deben realizarse dentro de pocos años, si acaso antes no acontecen algunos trastornos todavía más funestos en nuestras Américas. Este modo de ver las cosas está justificado por lo que ha acontecido en todos los siglos y en todas las naciones que han comenzado á levantarse. El hombre es el mismo en todas partes: la diferencia de los climas no cambia la naturaleza de nuestros sentimientos: el que encuentra una ocasión de adquirir poder y engrandecerse, se aprovecha de ella. ¿Cómo podremos, pues, nosotros esperar que los americanos respeten el reino de la Nueva España, cuando tengan facilidad de apoderarse de este rico y hermosos país? Una sabia política nos aconseja tomar precauciones contra los males que puedan sobrevenir. Este pensamiento ocupó toda mi atención, después de que como ministro plenipotenciario de V.M., y conforme á su real voluntad y á sus instrucciones, firmé la paz de París. Consideré este importante asunto con toda la atención de que soy capaz, y después de muchas reflexiones debidas á los conocimientos así militares como políticos que he podido adquirir en mi larga carrera, creo que no nos queda, para evitar las grandes pérdidas de que estamos amenazados, más que adoptar
el medio que tengo el honor de proponer á V.M.
V.M. debe deshacerse de todas las posesiones que tiene sobre el continente de las dos Américas, conservando solamente las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional, y alguna otra que pueda convenir en la parte meridional, con el objeto de que pueda servirnos de escala de depósito para el comercio español.
A fin de llevar á efecto este gran pensamiento de una manera conveniente á la España, se deben colocar sus infantes en América: el uno como rey de México; otro, rey del Perú, y el tercero, de la Costa Firme. V.M. tomará el título de Emperador.
Las condiciones de esta grande cesión, deberán ser que V.M., y los príncipes que ocuparán el trono español, en clase de sucesores de V.M., sean siempre reconocidos por los nuevos reyes, como jefes supremos de la familia: que el rey de Nueva España pague cada año, en reconocimiento por la cesión del reino, una renta anual en marcos de plata, que deberá remitirse en barras para hacerlas amonedar en Madrid ó en Sevilla. El rey del Perú deberá hacer lo mismo en cuanto al oro, producto de sus posesiones. El de la Costa Firme enviará cada año su contribución en efectos coloniales, sobre todo, en tabaco, para proveer los almacenes del reino.
Estos soberanos y sus hijos, deberán siempre casarse con los infantes de España ó de su familia. A su vez los príncipes españoles se casarán con las princesas de los reinos de Ultramar. Así se establecerá una unión íntima entre las cuatro coronas; y al advenimiento á su trono, cada uno de estos soberanos deberá hacer el juramento solemne de llevar á efecto estas condiciones.
En cuanto al comercio, deberá hacerse bajo el pie de la mayor reciprocidad. Las cuatro naciones deberán considerarse como unidas por la alianza más estrecha, ofensiva y defensiva, para su conservación y prosperidad.
No hallándose nuestras fábricas en estado de proveer á la América de todos los objetos manufacturados, de que podría necesitar, será preciso que la Francia, nuestra aliada, le ministrase todos los artículos que estuviésemos en imposibilidad de enviarle, con exclusión absoluta de la Inglaterra. A este efecto, los tres soberanos, al subir á sus respectivos tronos, harán tratados formales de comercio con la España y la Francia sin establecer jamás relaciones algunas con los ingleses. Por lo demás, como dueños y soberanos de Estados nuevos, podrían hacer lo que más les conviniese.
De la ejecución de este plan, resultarían grandísimas ventajas. La contribución de los tres reyes del Nuevo Mundo importaría más á la España que la plata que hoy saca de América. La población aumentaría, pues cesaría la emigración continua que hoy se nota en esas posesiones.
Ni el poder de los tres reinos de América, una vez ligados por las obligaciones que se han propuesto, ni el de las España y Francia en nuestro continente podrían ser contrarestados en aquellos países por ninguna potencia de Europa. Se podría evitar también el engrandecimiento de las colonias anglo-americanas, ó de cualquiera otra potencia que quisiese establecerse en esta parte del mundo. En virtud de esta unión con los nuevos reinos, el comercio de España cambiaría las producciones nacionales con los efectos coloniales de que pudiésemos tener necesidad para nuestro consumo. Por este medio nuestra marina mercante se aumentaría y la marina militar se haría respetar sobre todos los mares. Las islas que he nombrado anteriormente, administrándolas bien y poniéndolas en buen estado de defensa, nos bastarían para nuestro comercio, sin tener necesidad de otras posesiones; en fin, gozaríamos de todas las ventajas que nos da la posesión de la América, sin tener que sufrir ninguno de sus inconvenientes.
Tales son, señor, mis ideas sobre este negocio delicado: si ellas merecen la aprobación de V.M., entraré más detenidamente á detallar sus pormenores; explicaré el modo de ponerlas en práctica, con el secreto y precauciones convenientes, de manera que la Inglaterra no sepa nada, sino cuando los tres infantes estén en camino, más cerca de América que de Europa, y cuando ya no pueda oponerse. Este golpe sería terrible para esa orgullosa rival, y prepararíamos con anticipación las medidas que se deben tomar, para ponernos á cubierto de los efectos de su cólera.
Preciso es, para asegurar la ejecución de este plan, contar con la Francia, nuestra íntima aliada, que se prestará gustosa, viendo las ventajas que deben resultarle del establecimiento de su familia sobre los tronos del Nuevo Mundo, así como la protección especial de su comercio en todo ese hemisferio, con exclusión de la Inglaterra, su implacable rival. Hace poco tiempo que llegué a París, habiendo obtenido una licencia temporal, para atender á mis asuntos personales. Si V.M. lo tiene á bien volveré á continuar mi embajada, diciendo que mis negocios se han concluido. Gozo de una consideración sin límites en esa capital; el rey y la reina me honran con su afecto, y he observado bien y de cerca á sus ministros. No sé si me equivoco, pero espero hacerles aceptar el proyecto propuesto, y conducir su ejecución con el secreto y prudencia convenientes. V.M. puede contar conmigo para las ocurrencias ulteriores de este proyecto, de la manera que agrade á V.M., porque el que ha concebido una idea, es más propio para ejecutarla que cualquiera otro. V.M. conoce mi celo y mi fidelidad; ninguno de los asuntos que me ha confiado ha salido mal; tengo seguridad de que éste tendrá buen éxito, si he de juzgar por el deseo inalterable que tengo de consagrar mi reposos, mis intereses y mi vida en servicio de V.M."


[1] M. LUENGO ; Diario de la expulsión de los jesuitas (63 Vols). [Archivo de Loyola. Azpèita]
[2] JOSE A. FERRER BENIMELI: El conde de Aranda, ese gran desconocido. Conferencia pronunciada en Huesca el 27 de octubre de 1.975 publicada en Internet .
José A. Ferrer Benimelli (Huesca., 24-III-1934). Jesuita. Profesor Titular de Historia Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. Es el mayor especialista en el tema de la masonería y Director del Centro de Estudios Históricos de Masonería Española. La expulsión de los jesuitas ha sido otro de sus centros de interés.
[3] Pombal/ Fue un político portugues primer ministro de José I (1750-1777)
[4] KOBETZKE, HANS: Die politin del Grafen Aranda, Berlin, 1929.
[5] CHAUMIE, JAQUEKINE: Lettres de Domingo de Iriarte, Chargé d’affaires d’Espagne en France, au premier ministre, comtre d’Aranda (juin-août 1792), Paris, “Annuaire Bulletin de la Société de l’Historie de France”, 1944-45
[6] Para este capítulo se ha utilizado como fuente, la Historia de España. De Jorge Ventura Plaza y Janez 1976 III tono

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